El pan es un alimento tan universal como diverso

Cuanto más descubres el mundo del pan, más evidente resulta que la clave está en el equilibrio. Acompáñanos a explorar sus infinitas posibilidades: con masa madre, con levadura o sin ninguna de las dos. Enamórate del pan hecho con Thermomix®.

El pan nos habla de lugares y momentos: del comino que nos lleva a Marrakech o de las semillas de amapola que recuerdan a Cracovia. Cada pieza conserva algo de ese recorrido en su miga. A veces se elabora con levadura y otras no; a veces, es el vapor el que marca la diferencia. Pero, sea como sea, el pan siempre necesita lo mismo: cuidado y tiempo. Y no hay mejor final para un buen pan que compartirlo.

Tanto si usas levadura fresca como seca, hay una regla sencilla que conviene recordar: por peso, tres partes de levadura fresca equivalen aproximadamente a una de levadura seca. Si respetas sus tiempos y su temperatura, el resultado se nota. Mantén las masas con levadura por debajo de 45 °C y deja que fermenten entre 23 y 26 °C. Evita el contacto directo entre la levadura y la sal, y ten en cuenta que la leche, los huevos y la mantequilla enriquecen la masa, aunque también ralentizan el proceso. Con un poco más de tiempo, la masa desarrolla mejor su textura y su volumen. El Roscón de Reyes es un buen ejemplo de ello: una receta festiva que recompensa la paciencia.

Panes básicos con levadura

Hay días en los que el pan de mañana empieza a tomar forma hoy. El poolish se elabora con la misma cantidad de harina que de agua y apenas un poco de levadura. Tras unas doce horas de fermentación, desarrolla el aroma, mejora la elasticidad y ayuda a conseguir una corteza crujiente. Funciona especialmente bien en masas de trigo y también puede incorporarse a mezclas con centeno.

A veces, el pan de mañana empieza de otra manera. La biga, un prefermento italiano más firme, se prepara con un 40 a 60 % de agua y apenas una pizca de levadura. Puede reposar entre 12 y 16 horas a unos 15 °C, o dejarse primero un rato a temperatura ambiente antes de pasar la noche en el frigorífico. Es clave para conseguir la miga abierta y alveolada de la chapata y da muy buen resultado en masas más enriquecidas, como el brioche o la masa danesa.

Y luego está la autólisis, quizá la magia más sencilla de todas: solo harina y agua, que se dejan reposar entre 15 y 45 minutos para que la masa necesite menos amasado, gane elasticidad y dé como resultado una miga más suave y delicada. Estas preparaciones son como poner la mesa antes de que lleguen las visitas: pequeños gestos que hacen que todo lo que viene después resulte más fácil.

Panes del mundo

La diversidad del pan

No todos los panes necesitan fermentar. Algunos de los más antiguos siguen formando parte de tradiciones muy arraigadas. Los panes sin levadura son rápidos y versátiles, pero también tienen una fuerte carga cultural y simbólica, como ocurre con el pan ácimo en la Pascua judía o con la hostia de la eucaristía. En la cocina del día a día, además, ofrecen muchísimas posibilidades: pita para acompañar hummus, chapati para envolver lentejas, tortillas mexicanas de trigo calentadas en la sartén, las finas tortas cenceñas manchegas en guisos o incluso el mochi japonés, en su versión más dulce. Nos recuerdan que lo sencillo puede ser rápido, y que lo rápido también puede resultar verdaderamente satisfactorio.

Panes planos

Y luego está el ritmo pausado del vapor. En el norte de China, el mantou demuestra cómo un calor suave puede transformar la masa en algo casi tan ligero como una nube. Elaborada solo con harina, agua y un poco de levadura, la masa se deja fermentar hasta que resulta ligera y aireada, y después se cuece al vapor hasta quedar suave y brillante.

Hay versiones integrales o con leche, y otras en las que el boniato o la calabaza aportan color y un dulzor sutil. Para añadir un poco de contraste, puede pasarse ligeramente por la sartén después de la cocción al vapor, de modo que el exterior quede delicadamente dorado mientras el interior sigue tierno.

Es una forma distinta de buscar esa sensación reconfortante, siempre con el mismo cuidado en la preparación.

Panes al vapor

Si el pan es un pasaporte, aún quedan muchos sellos por poner. Mucho antes de convertirse en un clásico del desayuno, los bagels ya se escaldaban antes de hornearse, con ese exterior firme y ese interior tierno que pide abrirlos y rellenarlos.

En Marruecos, el batbout es un pan plano de sémola que se cocina en sartén, perfecto para acompañar un tajine o para improvisar un bocadillo. La ciabatta, con su alta hidratación y sus burbujas de aire, tiene una miga abierta y una corteza crujiente, ideal para una rodaja de tomate bien jugoso. La focaccia sabe a Liguria: una masa generosa en aceite de oliva, con romero, cebolla u olivas, pensada para compartirse en la mesa, arrancando trozos con las manos.

En Grecia, el koulouri, cubierto de sésamo, es crujiente por fuera y tierno por dentro, y un clásico del desayuno callejero. En México, el pan de muerto es suave y aromático, propio de las mañanas de noviembre, con notas de anís y naranja. El naan, pegado a las paredes del tandoor, llega a la mesa aún humeante, pincelado con mantequilla o ghee.

El pan de centeno alemán es denso y robusto, con una miga compacta y una corteza gruesa, perfecto para acompañar sopas y quesos. El soda bread irlandés no necesita fermentación: solo bicarbonato y buttermilk para empezar a tomar forma. Y la pita o las tortillas, ya sea infladas en un horno muy caliente o calentadas sobre una plancha para tacos, demuestran que lo plano también está lleno de vida.

Más panes del mundo

Con Thermomix®, todo se mantiene en equilibrio

Lleva el agua a la temperatura adecuada tanto para los prefermentos como para la masa final, para que la levadura y la masa madre puedan rendir al máximo. El modo Fermentar de TM7 proporciona unas condiciones suaves y estables para el levado, tanto si trabajas con masas básicas como enriquecidas o con prefermento, y la cocción al vapor añade nuevas posibilidades a la hora de trabajar la masa. Al amasar y mezclar, los principios son muy parecidos. En las masas de trigo más blandas, el giro inverso a baja velocidad ayuda a integrar todos los ingredientes. Para las masas más firmes, el modo Amasar aporta la fuerza necesaria; y en el caso del centeno, todo depende de la paciencia y de una mezcla más delicada. Esa consistencia entre estilos distintos te permite explorar mucho más, sin perder seguridad en el proceso.

Prepara tus propios panecillos

¿Por qué hacer pan con Thermomix®?

Prefermentos y masa final:

  • • Permite trabajar con temperaturas y tiempos precisos, además de controlar el agua templada en las fases de levadura y masa madre.

Modo Fermentar:

  • • Mantiene unas condiciones estables para el levado de masas básicas, enriquecidas o con prefermento.

Cocción al vapor:

  • • Cuando la receta lo requiera, los accesorios y modos de vapor amplían aún más las posibilidades.

Al amasar y mezclar:

  • • En las masas de trigo más blandas, el giro inverso ayuda a integrar los ingredientes. Para las masas más firmes, el modo Amasar aporta la fuerza necesaria y, en el caso del centeno, el proceso se basa más en mezclar que en amasar.

Ahora corta una rebanada todavía templada, envuélvela en una servilleta y vuelve a tu día. En el aroma de las especias, en las semillas o en cualquier rincón cotidiano, el pan siempre deja rastro de los lugares por los que ha pasado. La mesa seguirá esperándote a la vuelta, y siempre habrá otra miga, otra forma, otra historia por descubrir.

El viaje del pan continúa. Siempre queda otro por descubrir.

Podríamos seguir viajando miga a miga para siempre. Vuelve al principio: La magia del pan.

Así comienza todo