Un viaje a través de la luz de la luna y la comunidad

Cuando aparece la última luna nueva de Sha’aban, millones de corazones se conmueven en silencio. Llega Ramadán, el noveno mes islámico: tiempo de oración, reflexión y atención plena. Desde el alba, se abstienen de comer y beber; al atardecer, rompen el ayuno, día tras día, durante 29 o 30 noches, hasta que una nueva luna anuncia el Eid al-Fitr, la “Fiesta de los Dulces”.

El Ramadán es más que abstinencia. Es un ritmo de vida suave que nos invita a hacer una pausa: las manos más tranquilas, los pensamientos más claros, la unión más intencionada. Durante este mes, se mezclan tradiciones de muchas culturas: las cocinas perfumadas de especias de Estambul, las animadas calles de El Cairo, los serenos patios de Marrakech, los luminosos apartamentos de Zúrich y Bruselas, y los hogares familiares de Yakarta. Cada región añade su propia melodía al Ramadán, pero la armonía permanece: gratitud, compartir, conexión.

El día comienza antes del amanecer…

con el Suhoor, un desayuno que no alardea, sino que sostiene. No solo calma el hambre, sino que fortalece: cereales integrales y legumbres para una energía constante; yogur, leche y huevos para la proteína; frutas y verduras para hidratación y micronutrientes, frutos secos y semillas para las grasas saludables. Es una fuerza tranquila antes de un largo día. Y después, el ritmo del día: trabajo, oración, paciencia. El ayuno deja de ser un límite y se convierte en un umbral hacia el autocontrol, hacia la compasión, hacia la conciencia de que la alegría es mayor cuando se comparte.

Sugerencias de recetas tradicionales para el Suhoor

Cuando se pone el sol...

El iftar suele comenzar con un dátil y un vaso de agua, algo sencillo y lleno de simbolismo.

Una sopa ligera abre la puerta; un breve momento de espera le da tiempo a la digestión; luego uno se sienta entre mezze: platos de arroz fragantes, carnes y pescados tiernos, ensaladas, hierbas y panes -diferentes en cada cocina, iguales en el fondo. Las risas de la familia, el calor de los invitados, pequeñas manos que buscan el primer bocado. Es el momento en que la comida vuelve a convertirse en relato: recuerdos de la infancia, la ciudad de los abuelos, recetas que pasan de mano en mano y de boca en boca.

Recetas tradicionales de Iftar

Los dulces tienen su propia magia en Ramadán

En Turquía, el lokum seduce, los sorbetes fluyen como tradición líquida, los postres lácteos reconfortan, el chocolate sosiega y las creaciones sin azúcar aportan ligereza.

Y aun así, la esencia permanece: el equilibrio. Una mirada a las raciones, un vaso de agua más, una vuelta a la manzana y una sonrisa que dice: disfruto y me cuido por igual. El Ramadán es también cuidar del propio cuerpo: con agua entre el iftar y el suhoor, con platos ricos en fibra y con un suave paseo por la tarde bajo el cielo fresco.

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Postres y dulces tradicionales

Al final, cuando aparece la luna nueva…

comienza Eid al-Fitr. Una celebración que no sólo pone fin al ayuno, sino que honra a la comunidad. La gente comparte con los que tienen menos. Se visitan, se hacen regalos y se comparten risas. Y vuelven poco a poco a sus ritmos cotidianos: con un desayuno ligero, con paciencia y con un sentido renovado de lo que nutre el cuerpo. El Eid es el cálido resplandor tras un mes que nos ha hecho sentir más unidos.

El Ramadán es un viaje

Nos enseña que compartir siempre suma. Y nos recuerda que las mejores mesas juntan tradición y cariño.

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