Masa madre: cultivamos vida

La masa madre no tiene ningún misterio: es un pequeño ecosistema vivo que descansa en silencio sobre la encimera. Si la cuidas con paciencia, la mantienes limpia, le das calor y la alimentas con regularidad, responderá a su tiempo. Y, a cambio, te acompañará durante años, incluso décadas, con panes de aroma más profundo, más fáciles de digerir y que se conservan bien durante más tiempo.

Una masa viva, a su ritmo

La masa madre está viva, y eso es precisamente lo que la hace especial. Con un poco de calor, unos cuidados básicos y alimentación regular, va ganando fuerza poco a poco. Sus burbujas y su aroma son la señal de que todo avanza como debe.

Para empezar, solo hacen falta tarros limpios, con la tapa sin cerrar del todo, y un rincón templado. A partir de ahí, lo importante es observar y esperar. La masa madre no se fuerza: se cuida, se alimenta y se acompaña. Y, una vez forma parte de tu cocina, cuesta imaginar hacer pan sin ella.

Dentro del tarro se forma un pequeño ecosistema: bacterias lácticas y acéticas conviven con levaduras naturales. Todas se alimentan de harina y agua y, a medida que fermentan, producen ácidos suaves, una pequeña cantidad de alcohol y dióxido de carbono, el gas que hace que la masa crezca.

Mantenerlas entre 24 y 28 °C ayuda a que la fermentación avance de forma estable. Si la temperatura sube un poco, el sabor será más suave y redondo; si baja, aparecerán notas más ácidas y marcadas. Todo eso acaba reflejándose en el pan: una miga húmeda y estructurada, un alveolado fino y una corteza bien dorada, crujiente y aromática.

Cuidados básicos de la masa madre

La masa madre requiere algunos cuidados básicos. Conviene trabajar siempre con las manos limpias, utensilios perfectamente limpios y bien aclarados, y tarros completamente libres de restos de jabón. Al principio, el agua templada, entre 35 y 37 °C, ayuda a activar el cultivo. Después, solo necesita un lugar estable y templado, entre 24 y 28 °C. Mejor mantenerla lejos de radiadores u otras fuentes de calor directas, y y no superar los 30 °C. La masa madre de centeno suele encontrar su equilibrio en unos cuatro días, mientras que la de trigo o la de manzana y trigo puede activarse antes, a veces en solo dos días. Lo demás es paciencia: observar, alimentar y dejarla avanzar a su ritmo.

Alimenta tu masa madre

Cuando la masa madre ya está activa, lo más habitual es entrar en una rutina sencilla. Conviene reservar una pequeña cantidad en la nevera, unos 50 g, para tener siempre una base lista. La masa madre de centeno suele necesitar un refresco cada 7 a 14 días. Para reactivarla, mezcla 10 g de masa madre con 50 g de harina integral de centeno y 60 g de agua templada. Cuando vuelva a dar señales de actividad, ya puede regresar a la nevera. De ese proceso quedará una pequeña cantidad sobrante: el descarte de masa madre. Lejos de desperdiciarse, puede transformarse en recetas riquísimas, como crackers, gofres y otras preparaciones de aprovechamiento.

De centeno a trigo, y de trigo a centeno
La masa madre de trigo, y a veces también la de manzana y trigo, suele seguir un ciclo algo más corto: conviene refrescarla cada 3 o 4 días, con una proporción de 10:50:50. En este caso, se utiliza harina de trigo y un ambiente templado, entre 22 y 26 °C, antes de devolverla al frío para que repose.

Si en algún momento apetece cambiar de una masa madre a otra, la transición es sencilla. Más que un cambio brusco, es un proceso gradual. Para pasar de centeno a trigo, puede hacerse una primera alimentación con 10 g de masa madre de centeno, 50 g de harina de trigo y 50 g de agua. Se deja reposar 12 horas, luego se añaden otros 50 g de agua y 50 g de harina de trigo. Tras otras 12 horas, se repite el mismo proceso. Para entonces, la masa madre ya se habrá adaptado al trigo. El cambio de trigo a centeno se hace exactamente igual.

Si algo no va bien...

A veces, la masa madre evoluciona como esperamos y, otras, necesita un pequeño ajuste. Si aparece algo fuera de lo normal —manchas rojas, azules, negras o verdes, o cualquier rastro de moho—, lo más prudente es desecharla y empezar de nuevo. Si huele a vinagre, normalmente es señal de que se ha acidificado demasiado o de que ha pasado demasiado tiempo a baja temperatura. En ese caso, conviene llevarla a un lugar más templado y alimentarla con algo más de frecuencia hasta que recupere el equilibrio. Cuando en casa hace frío, ayuda buscarle un rincón templado en la cocina, siempre lejos de fuentes de calor directo. También puede funcionar la luz del horno, usada con cuidado: basta con encenderla unos minutos para entibiar ligeramente el interior, apagarla después y dejar el tarro dentro, procurando que no se caliente en exceso.

Dudas frecuentes

  • ¿Por qué mi masa madre huele a vinagre? → Porque se ha vuelto demasiado ácida o ha estado a una temperatura demasiado fría; Conviene alimentarla con más frecuencia y mantenerla en un lugar más cálido, entre 24 y 28 °C.

  • ¿Puedo reactivar una masa madre poco activa? → Sí. Basta con alimentarla a una temperatura templada, con harina y agua frescas, y repetir el proceso 1 o 2 veces si hace falta.

  • ¿Conviene cerrar el tarro herméticamente? → Durante la fermentación activa, conviene tapar el tarro, pero sin cerrarlo herméticamente.

Cómo darle un poco más de calor en el día a día

• Busca un lugar templado en casa, por ejemplo en la cocina o cerca de un radiador, pero nunca encima y siempre con una superficie aislante de por medio.
• También puedes usar la luz del horno de forma puntual: enciéndela un momento para templar ligeramente el interior, apágala después y evita que el tarro llegue a calentarse demasiado.

Mantener una temperatura adecuada

Thermomix® te acompaña también en este proceso. Permite calentar el agua con precisión hasta los 35–37 °C cuando llega el momento de alimentar la masa madre, y pesar cada ingrediente al gramo para mantener las proporciones con exactitud. La masa madre necesita un entorno estable y templado para desarrollarse y recuperarse, especialmente en los días más fríos. Y cuando llega el momento de preparar la masa final, conviene recordar que, en las masas principales, el agua debe estar más fría para ayudar a controlar la temperatura final de la masa.

Recetas con tu pan de masa madre

Una vez horneado, el pan de masa madre también encuentra su lugar en recetas sencillas y apetecibles. Estas ideas están pensadas para prepararlas con tu propio pan, recién hecho o del día anterior, y también con masa madre activa del tarro, según la receta.

Lo mejor viene ahora

Acércate, apoya la tapa suavemente sobre el tarro y observa cómo las burbujas empiezan a calmarse. Hay algo sereno en este momento: un tarro que respira, una cocina en pausa y todo lo que empieza a tomar forma con tiempo y mimo. Pronto volverá a tocar alimentarla y, casi sin darte cuenta, la masa madre empezará a llenar la casa de bienestar mucho antes de que el pan llegue al horno.

Volver al principio

Mientras esperas a ver cómo evoluciona, puedes releer cómo empieza todo.

La magia del pan