
“¿Qué puedo regalarle?” En lugar del vino de siempre o una vela, sorprende con un detalle hecho en casa. Un regalo comestible preparado por ti tiene algo que no se compra: tu tiempo, dedicación, cariño y su sabor favorito. Y lo mejor: en lo que tardas en ir a una tienda a por un regalo, puedes preparar un tarro de pesto, una botella de licor de frutas o unos frutos secos especiados como anacardos al curry… no tardas nada y con un resultado de diez.
Unos minutos más de mimo y el regalo sube de nivel. No hace falta ser un artista: una etiqueta escrita a mano, un lazo sencillo o un cordel, y listo. Tarros de cristal limpios, botellas bonitas y bolsas de papel kraft dan un toque cuidado y sostenible. La presentación también cuenta la historia: un detalle casero, de calidad, hecho con ingredientes sencillos y mucho cariño.
• Personaliza: elige su sabor fetiche (picante, cítrico, chocolateado…).
• Piensa en maridajes: el pesto con su pasta favorita; los frutos secos con su aperitivo de domingo,,…
• Anticípate: muchos regalos mejoran con reposo (licores, sales); prepáralos con unos días de margen.
• Añade una nota: una tarjeta con sugerencias de uso o un “vale” para disfrutarlo juntos.
El clásico “Nos vamos en diez minutos…”
“Espera, ¡todavía hay que envolver el regalo!”
Cuando toca regalar, el tiempo siempre aprieta. Tener un “kit de emergencia” en un cajón te salva la vida. Con los básicos listos, el envoltorio queda bonito en un instante: Etiquetas impresas o tarjetas en blanco para personalizar, cintas y lazos de colores, tarros de cristal limpios, bolsas transparentes de celofán, papel de regalo (kraft, liso o con estampado discreto), cordel, pegatinas, un rotulador dorado o plateado, tijeras y cinta adhesiva…

